domingo, 23 de enero de 2011


Llanto y promesa por el camarada heroico
A Fausto Trejo Fuentes y su legado

Provocas esos dos extremos ahora, camarada heroico,
ahora que te cantan la “Internacional”
 coros de poetas rojos que viste nacer, crecer y que orientaste
junto a los cientos de camaradas del comunismo rabioso y necio
de nuestra Latinoamérica dolida y mancillada, de barro y sangre.
Tú eras el puente de un pasado heroico donde existían
esos hombres que nos parecían semidioses mitológicos
de una izquierda perseguida y asesinada de Latinoamérica,
pero que eran de la misma carne humana de nuestra humanidad,
hombres casi mitológicos, como el “Che” Guevara, verdadero comunista,
 como Salvador Allende, verdadero estadista del pueblo,
cuya estatura de hombres carnales crecía con sus hazañas
referidas por ti, cuando narrabas como se comportaron tus amigos y camaradas
en momentos en que el cobarde y el mediocre, se cagan de miedo o se mean o huyen,
ellos y tú se enfrentaban al peligro y a la muerte con la valentía que da el amor,
tu amor al pueblo.
Creíamos que eran leyendas, pero ahí estabas tú, el testigo de tantas hazañas, cuando jóvenes y rabiosos en los ochentas,
nos hablabas de ellos y con alegría nos animabas a luchar.

Llanto y promesa  nos provocas camarada heroico,
llanto porque te sabemos dolido de emprender otro vuelo, a libertar a otros pueblos, a lo mejor de arcángeles latinos sometidos por demonios anglosajones o por un Dios tiránico que ha inventado la muerte para detener la palabra libertaria y el juicio de los vientos, celoso de que existan hombres como tú.
Promesa al recordar tu oratoria a la vez trágica y alegre,
tus bromas fraternas que aligeraban el dolor de las piernas en las largas marchas de protesta,
tu palabra cálida que rompía el temor de la multitud ante la fila de rifles y cañones apuntando hacia nuestras carnes mortales durante las marchas obreras, durante las tomas justicieras de tierras por los campesinos, durante tantos momentos de reflexión y debate,
en los que siempre destacó tu claridad, esos soles grandiosos que iluminaron las batallas.
Llanto y promesa, agua y emoción,
 llanto por un camarada heroico que pasa a la inmortalidad, pero promesa por los gratos recuerdos de haber conocido a un alegre combatiente de la libertad.