domingo, 9 de enero de 2011

Cultura Cubana

tomado del diario cubano Juventud Rebelde
 
FERNANDO ROJAS: BAJO EL LENTE DEL FUTURO
 
por Lourdes M. Benítez Cereijo y Yelanys Hernández Fusté
 
Confiado en el papel de las nuevas generaciones de artistas, Fernando
Rojas, viceministro de Cultura, dialogó por espacio de una hora con
nuestro diario acerca de cuestiones que atañen al arte y la cultura de la Isla.
 
Periodista -¿Cómo tocará la actualización del modelo económico cubano
a la cultura nacional? ¿Dónde ver sus potencialidades, sus luces, sus
retos? Las interrogantes gravitan también sobre el mundo del arte.
 
 
Fernándo Rojas -Con un sentimiento de atesorar nuestra identidad,
anclado a lo más raigal de la cubanía, y sustentado en una certidumbre
que sortea los retos actuales, el sector se enrumba por el sendero que
transita el país y se mira bajo el lente del futuro.
 
Confiado en el papel de las nuevas generaciones de artistas, Fernando
Rojas, viceministro de Cultura, dialogó por espacio de una hora con
nuestro diario acerca de cuestiones que atañen al arte y la cultura de la Isla.
 
P —Hay quienes creen que para un país con múltiples necesidades
básicas insatisfechas, tenemos un sistema de educación artística
sobredimensionado. ¿Qué valoración tiene el Ministerio sobre el tema?
 
FR —La enseñanza artística —y quiero establecer una distancia entre
enseñanza y educación—, entendida como el sistema de escuelas de arte
donde se forman los profesionales, ha sido una experiencia válida de
Cuba que garantiza el relevo de la vanguardia.
 
«Este sistema de enseñanza, que supone un proceso de selección en
cuanto a exigencia, a nuestro juicio llegó para quedarse. Sin embargo,
ese sistema tiene que ser más racional. Debe estar a tono con las
necesidades reales del país.
 
«Otra cosa significa la educación artística, entendida como la que
recibe cualquier ciudadano. No por gusto el Proyecto de Lineamientos
al VI Congreso del Partido la menciona de manera muy clara. Y es que
la Revolución siempre se ha trazado la misión de que cada individuo
tenga el derecho de apreciar el arte, de ser formado como parte de un
público capacitado para entender lo mejor de la cultura nacional y universal.
 
«Ese concepto de vincular a cada persona desde edades muy tempranas
con la apreciación artística se articula con el criterio de tener un
gran movimiento de aficionados, relacionado directamente con las
expresiones culturales populares, barriales, locales, regionales y con
nuestro patrimonio vivo.
 
«Si eso nos queda claro, buena parte de la vida cultural de nuestras
comunidades se solucionará con esa presencia ciudadana —lo cual es
consustancial con la visión que tiene la Revolución de la educación
artística para todos».
 
P —En la actualización del modelo económico cubano la cultura no
seguirá contando con el mismo presupuesto que el Estado le ha asignado
tradicionalmente. ¿En qué medida afectará a la enseñanza artística?
 
FR —En cada localidad debemos tener los artistas que se necesiten.
Garantizaríamos el relevo de los grupos existentes en cualquiera de
las manifestaciones, pues se trata de agrupaciones de alta calidad.
Debemos asegurar el relevo de los instructores para preservar el
servicio que ellos dan en escuelas y comunidades. No hay que pretender
incrementos de ese servicio, sino preservar el existente. La enseñanza
a futuros profesionales del arte tendrá que orientarse por esos imperativos.
 
«Estamos, como el resto de los organismos del Estado, en la obligación
de articular adecuadamente la formación del profesional con las
necesidades de la economía y de la sociedad. Ese ejercicio ya lo
estamos haciendo.
 
«Habrá menos escuelas de instructores. Se está planteando concluir los
cursos en una parte importante de ellas y dejar solo los centros
necesarios para lograr ese relevo. También se realizarán ajustes en la
matrícula de la enseñanza de las academias para lograr estos
objetivos. No veo en eso una afectación al crecimiento de la masa de
profesionales de la cultura, sino una optimización de esa formación».
 
P —Los Lineamientos de la Política Económica y Social abren el camino
a nuevas formas de gestión para la cultura. ¿Cuáles serían?
 
FR —Un crecimiento imprescindible del aporte económico de los bienes y
servicios que se producen. Hay potencialidades por aprovechar en el
campo de la economía de la cultura y en el incremento de utilidades
que pueden obtenerse dentro del país —ya sea en el llamado mercado de
frontera para los turistas, en instalaciones que prestan servicios en
divisas, como en la obtención de ingresos en moneda nacional.
 
«Existen actividades que actualmente son subsidiadas porque tienen
precios demasiado módicos. Por ejemplo, en la esfera del libro hemos
trabajado para que ese producto pague su costo. Quizá estamos en
condiciones de pensar en obtener mayores niveles de ganancia en la
actividad cultural, manteniendo los precios asequibles.
 
«Tal vez una parte de los servicios que prestamos no tengan que ser
gratuitos o a precios muy módicos. Existen actividades, espectáculos y
productos que, dado su nivel o su poder de convocatoria, no
necesariamente haya que ofertarlos a bajos precios. Una manera de
exigirnos es que valoricemos adecuadamente esos servicios.
 
«Posibilidades de producir tenemos. Muestra de lo que se puede rendir
económicamente son la Feria Internacional de Artesanía y Arte en La
Rampa. Las producciones artesanales e industriales que allí se
comercializan las debemos diversificar y asegurar que partan de un
esquema que pague sus gastos, a la vez que nos permita tener
determinadas ganancias.
 
«A nivel organizativo eso implicará que determinadas unidades que hoy
trabajan solo con el presupuesto se transformen en empresas; incluso
que, sin dejar de ser presupuestadas, sean entidades que aporten
ingresos. Habrá un crecimiento del sector empresarial en la cultura y,
por lo tanto, más exigencia.
 
«Al mismo tiempo, esto debe hacerse con mucho cuidado para no
perjudicar los esenciales servicios culturales que permiten garantizar
la continuidad de la enseñanza y educación artísticas en la población.
 
«Es un error suponer que el esfuerzo por hacer algo económicamente
rentable está reñido con su calidad. Tendríamos que esforzarnos por lo
contrario, por lograr que esa búsqueda de beneficios económicos esté
de manera orgánica asociada a una mejoría en la calidad en los
servicios y productos.
 
«Habrá siempre que invertir en preservar la vanguardia intelectual. No
puede ser que un criterio economicista injustificado nos conduzca a
que los escritores y artistas sientan que su trabajo está
insuficientemente protegido.
 
«Se impone analizar cómo nos relacionaremos con determinadas esferas
del trabajo por cuenta propia, que puedan estar asociadas con la
actividad cultural. Son cuestiones sobre las que hay que reflexionar,
pero siempre partiendo del enorme esfuerzo que va a significar
mantener el nivel de la creación y la formación del público, a la par
de la eficiencia».
 
P —¿Cómo articular una política que integre los propósitos de la
cultura nacional con las iniciativas que se gestan al margen de las
instituciones?
 
FR —En la vanguardia, así como en su producción, están presentes las
instituciones culturales. Tendremos que estudiar cómo se regulará el
vínculo del Estado, en el ámbito de las entidades artísticas, con
estos nuevos actores. ¿Qué obligaciones tendrían, en términos de
preservación del patrimonio cultural y la conservación de la calidad y
la oferta, esos vendedores o artesanos que trabajan en una relación
con los órganos locales?
 
«Estas son cuestiones polémicas, a las que nos estamos enfrentando, en
muchos casos, por primera vez. Todas las instituciones poco a poco
tendrán que ir estableciendo esas pautas de interacción. Ello tiene
que ver con un nuevo tipo de cultura jurídica, en la que tenemos que
trabajar mucho».
 
P —Este fue un año de importantes presentaciones de artistas
extranjeros en la Isla. ¿Tiene una estrategia el Ministerio de Cultura
para lograr un incremento al respecto?
 
FR —Perseveraremos en que la relación del público nacional con lo
mejor del arte foráneo siga creciendo, con independencia de la
necesidad de ser más estrictos en los gastos.
 
«Nunca se nos ocurriría cobrar el acceso del público al Teatro Mella,
para ver a Wynston Marsalis o Arturo O´Farrill, a los precios que se
pagan en Nueva York. Sin embargo, esto no quiere decir que la entrada
al Mella tenga que ser siempre a diez pesos. No se puede aplicar aquí
el esquema que se articula en una capital occidental capitalista, en
el cual le es imposible al ciudadano común asistir a un espectáculo de
ballet. Esa lógica significaría, en nuestro contexto, enajenar de ese
tipo de espectáculos a la mayor parte de la población; pero tampoco
puede ser prácticamente un regalo.
 
«Las instituciones culturales que organizan los grandes eventos (del
libro, cine, plástica, música, etc.) tienen puestas su mirada en
buscar oportunidades para nuestro pueblo, y, por lo tanto, hay que
congratularse de eso».
 
P —Los últimos 12 meses han sido también un período inédito por el
número de presentaciones de cubanos en Estados Unidos. ¿Cómo explicar
ese fenómeno en medio de la política de bloqueo que mantiene el país
norteño contra la Isla?
 
FR —Se va disipando determinada ilusión que se hizo mucha gente de un
cambio real en la política de la presente administración
norteamericana hacia la Isla.
 
«El andamiaje del bloqueo y la agresión está intacto. Ellos parten del
llamado Carril II —el primero es el de la agresión—, que es el llamado
“contacto pueblo a pueblo”, y que se basa en tratar de influir a
través de la cultura en nuestros ciudadanos, para hacerlos más
proclives a una actitud contraria a la Revolución.
 
«De manera selectiva se ha otorgado un mayor número de visas a
artistas cubanos para viajar a Estados Unidos, y en menor medida han
autorizado que vengan a la Isla los norteamericanos. Quizá a algunos
les interesa más tener al creador cubano allí, porque lo considera más
manipulable.
 
«Esa estrategia no la aplican con los académicos, porque consideran
que estos tienen más capacidad para influir y debatir que la que
pudiera tener el artista.
 
«Los nuestros han estado por encima de la visión elemental del Carril
II, y han logrado manejarse adecuadamente en medio de las presiones, a
la par que se han relacionado con un público que muchas veces no es
más que un rehén de la política de la mafia cubanoamericana.
 
«No se puede negar que se ha dado a conocer mejor nuestra cultura.
Empero, para un intercambio cultural tendrían que desaparecer todas
las limitaciones. Y hay infinidad de estas: el otorgamiento de
licencias a los que viajan acá; proyectos que no podemos poner en
marcha por demoras de esos documentos; actividades comerciales que no
pueden realizarse; visas concedidas a artistas cubanos al día
siguiente de iniciarse la actividad en la que iban a participar…
 
«Sin embargo, seguiremos trabajando para que tenga lugar ese embrión
de lo que podría ser, si desaparece la agresión, un verdadero
intercambio cultural entre ambos países».
 
P —Se han formado cientos de miles de instructores de arte; sin
embargo en los reportes de la Comisión Central de Recreación y en
estudios realizados con los jóvenes todavía hay insatisfacciones en el
tema de la recreación. ¿Qué falta para satisfacer las expectativas
culturales de los cubanos?
 
FR —No creo que el instructor vaya a resolver el problema. Él, como
muchos otros profesionales, contribuye a la recreación del pueblo, ya
que está en las escuelas y comunidades.
 
«Lograr esa combinación de lo recreativo y lo lúdico con lo educativo,
es una oportunidad que otros no tienen. Por supuesto, todavía hay
muchas dificultades en la preparación de los brigadistas y existen
otras cuestiones por resolver.
 
«Con las decisiones que el país está tomado para hacer despegar
definitivamente nuestra economía, habrá que ver qué paliativos se
utilizan: si exigirle más al instructor, potenciar más la cultura
popular, el movimiento de artistas aficionados…
 
«La idea de la recreación que tiene el joven cubano promedio está
asociada a un determinado tipo de instalación, un espacio cerrado con
determinada comodidad, seguridad, al precio que pueda pagar, con un
nivel de consumo gastronómico asequible, donde pueda escuchar música y
en el que departa con su pareja y amigos.
 
«Ese es el tipo de lugar que, desgraciadamente, en una visión
estereotipada de la falta de recreación, muchas veces los jóvenes
asocian al CUPET o a la cafetería en divisas de la localidad. Uno de
los grandes desafíos de nuestra política sería sustituir esa imagen en
sus demandas de consumo. Para ello lo primero que hay que hacer es
lograr que ese tipo de instalación exista. Creo, modestamente, que la
actualización del modelo económico cubano es un camino a la existencia
de ese espacio recreativo en el país».
 
P —Mucho se dice de la amplia popularidad de las ferias
internacionales del Libro, de Artesanía y Cubadisco; los festivales
del Nuevo Cine Latinoamericano, Internacional de Ballet e importantes
exposiciones de la plástica. ¿Existe satisfacción con el sedimento
cultural que deja en la gente este tipo de eventos?
 
FR —Lo estamos. Ahí hay una expresión del impacto que nosotros
quisiéramos que tuviera la creación de vanguardia en el público. Pero
ese no es el hacer diario. Efectivamente, deja un sedimento, pero si
no se cultiva después que el evento termina, se manifiesta un
retroceso en el gusto.
 
P —Los jóvenes artistas plantean recurrentemente preocupaciones por la
expansión de lo banal, en detrimento de los mejores valores
culturales. ¿Podrá encontrarse una fórmula que deshaga esa especie de
maleficio?
 
FR —Hay una regresión en el gusto y también en la crítica. Dependes de
la educación y de los aparatos críticos para formar al espectador que
rechaza ese tipo de producto cultural.
 
«Hay mucha complacencia en la crítica. El talento del crítico consiste
precisamente en ser un orientador sin producir un panfleto. Ese
retroceso hay que resolverlo con la ayuda de los grandes medios, y no
de los especializados. No es allí adonde va la gran masa de
espectadores a orientarse. Hemos hecho algún que otro encuentro o
seminario, pero apenas estamos en la constatación del problema y
tenemos mucho por hacer, los medios y nosotros».
 
P —¿Cómo se pueden defender la cultura y la identidad nacionales
frente a un mundo cada vez más informatizado, interconectado, sacudido
por el desarrollo tecnológico y también por la piratería?
 
FR —Un gran artista puede sentir que la piratería lo daña. No le quito
razón. Es un asunto complejo, porque nosotros tenemos que velar por el
creador y por la cultura. Y se supone que para custodiar a esta
última, no hay que hacerles ningún favor a las transnacionales.
 
«Ahí estamos frente a un problema, en el cual al individuo que vive de
su trabajo puede afectarle la copia pirateada de su obra y a la vez
eso forma parte de un sistema que beneficia a las transnacionales.
 
«Habría que cambiar todo el sistema del derecho de autor y reconocer
entonces los derechos colectivos, proteger a las culturas populares y
garantizar de verdad que la gente pudiera acceder a la cultura.
 
«En cuanto a las nuevas tecnologías, que ya no son tan nuevas, la
esencia consiste en tener una actitud cultural y ética frente a estas».
 
P —¿Cómo proyectar entonces el trabajo en 2011?
 
FR —Va a ser un año muy tenso. De menos asignaciones presupuestarias,
sin discusión. Un período en el que tienen que crecer los ingresos.
Ese será el camino para preservar la cultura.
 
«Van a ser 12 meses de transformaciones institucionales importantes:
entidades presupuestadas que se convierten en empresas,
descentralización de gestión, reducción importante del personal burocrático…
 
«Tiene que ser el año en que se consoliden nuestra relación con la
vanguardia artística, el aporte de esta a la cultura nacional y su
relación con el público.
 
«Deberá ser una etapa en la que hagamos todo lo posible por preservar
nuestros principales eventos y que queden con más calidad, por
mantener el nivel de la programación cultural alcanzado, así como por
hacer mayor énfasis en la comunidad y en los aficionados, en la labor
de los instructores y en elevar la calidad de la enseñanza.
 
«Seguiremos relacionándonos con lo mejor de la cultura universal.
Nuestros artistas tendrán —de hecho eso económicamente va a ser útil—,
más presencia fuera de nuestro país y tendremos una importante
participación de artistas y escritores extranjeros en la Isla.
 
«Esperamos un crecimiento de nuestra relación con las nuevas
tecnologías, y una utilización más creativa de estas en función de la
cultura. Hay que pensar mucho más en los jóvenes, en que ellos piensen
y actúen, en cómo apoyarlos y en qué medidas tomar para, en medio de
las dificultades, seguir apostando por ellos y por sus proyectos».
 
tomado del diario cubano Juventud Rebelde
 
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