domingo, 2 de enero de 2011

Cuba opina


La solidaridad como primicia

(El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo
Alarcón, destacó que la política internacionalista de Cuba forma parte
de la historia misma de la Isla, en el acto por el aniversario 50 del
Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos)

MEDIO SIGLO DE SOLIDARIDAD

Compañeras y compañeros:

Cuando el 30 de diciembre de 1960 el Gobierno Revolucionario creó el
Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, sobre Cuba se ceñía la
amenaza inminente de la agresión militar. Entonces millones de cubanas
y cubanos estaban vigilantes, preparándose para el ataque que podía
ocurrir en cualquier momento.

Culminaban dos años de creación infatigable, habíamos sido capaces de
desmantelar las estructuras podridas del viejo régimen, librábamos una
pelea ardorosa contra la explotación, la ignorancia y los vicios del
pasado, habíamos eliminado completamente el desempleo, eran nuestras
las fábricas y los servicios públicos, avanzaba la Reforma Agraria y
la Campaña de Alfabetización, vivíamos con la alegría de la libertad
conquistada tras grandes sacrificios y nos empeñábamos por hacer
reinar la justicia en nuestra tierra finalmente emancipada.

Eran días luminosos pero también llenos de peligros. Desde el Primero
de enero de 1959, el Imperio que siempre trata a Cuba como si la Isla
fuera suya, desató contra nuestro pueblo la guerra económica, presionó
a otros países para tratar de aislarnos totalmente, dio cobijo a los
torturadores y asesinos batistianos y a sus secuaces y los organizó,
armó, entrenó y dirigió para invadir el país y obligarnos a regresar a
la ignominia y la miseria. Enfrentábamos a un Imperio que entonces
estaba en el cenit de su poderío, dominaba completamente el Hemisferio
Occidental e imponía su hegemonía en todo el planeta.

Comenzaba el verdadero descubrimiento de la isla de Cuba. Nuestra
heroica resistencia asombraba al mundo. Su Revolución se convirtió en
“una permanente incitación a la noble curiosidad humana desde todos
los rincones de la tierra y muy especialmente en América Latina” como
expresó la Ley 901 fundadora del ICAP a iniciativa de Fidel Castro.

Han sido cincuenta años de incesante faena. Vaya nuestro
reconocimiento a todas y todos los trabajadores de esta institución
por su contribución, muchas veces anónima, a la solidaridad y la
amistad entre el pueblo cubano y los otros pueblos. Los que iniciaron
este noble trabajo y sus continuadores hasta hoy merecen nuestra gratitud.

Hagamos un homenaje especial, sobre todo, a quienes fuera de aquí,
durante estos largos años, nos han ofrecido permanente apoyo. A los
que fueron capaces de resistir la persecución y la hostilidad, a
quienes no se doblegaron ante las presiones o las amenazas, a los que
no sucumbieron ante las calumnias y el engaño, a quienes supieron
confiar en Cuba y amarla.

Porque contra Cuba y su Revolución el Imperio no ha empleado solamente
la fuerza militar, el terrorismo, los sabotajes y la más feroz y
dilatada agresión económica, su bloqueo genocida que comenzó antes que
naciera el ICAP, antes que naciera la mayor parte de la población
cubana actual. Contra Cuba y su Revolución el Imperio ha empleado
también y especialmente, la mentira y el ocultamiento de la verdad.

En ese terreno, el de la manipulación de la información y la
falsificación de la realidad, el Imperio ha creado una maquinaria
gigantesca a la que dedica incontables recursos de todo tipo.

Ya no es el automóvil el símbolo de la sociedad norteamericana. Hace
ya mucho tiempo que fue relegado a un plano secundario por la
industria del embuste, que a gran escala y masivamente adultera los
hechos, pervierte las conciencias y promueve el embrutecimiento de los
seres humanos. Sus instrumentos son las grandes corporaciones que
dominan a los llamados medios de comunicación y son dueñas de las más
poderosas empresas de cine, radio y televisión.

Mercantilizan la cultura y la reducen a entretenimiento banal;
esconden o justifican los peores crímenes; distorsionan los sucesos y
mienten; fomentan el egoísmo y la codicia, el materialismo y la
vulgaridad; despojan al ser humano de sus ideales, de su capacidad
para pensar y amar. Llevan a cabo una implacable ofensiva
antihumanista de la que el pueblo norteamericano es la primera y
principal víctima.

Estados Unidos es, desde su origen, un país imperialista y racista
como lo recuerda Noam Chomsky en un texto reciente. Su poderío se
concentra hoy, sin embargo, en una descomunal, aberrante, industria
bélica capaz de destruir al planeta muchas veces y en su arsenal
propagandístico que le permite adormecer y embaucar.

Pero el pueblo norteamericano no es imperialista ni racista. Es un
pueblo que necesita vivir en paz con los demás y que tiene el derecho
a construir dentro de sus fronteras una sociedad justa y
verdaderamente libre, algo que no podrá lograr mientras no se libere
del control que sobre él ejerce una plutocracia ignorante y perversa.

Con ese poder los imperialistas han podido practicar contra el pueblo
cubano el genocidio más prolongado de la historia, por eso pueden
seguir amparando en su propio territorio a los peores asesinos – como
el que acaba de publicar en Miami un libro infame en el que se ufana
de sus fechorías -, por eso mantienen en injusta y cruel prisión a
Cinco jóvenes que sacrificaron sus vidas por salvar a su pueblo y al
mundo del terrorismo que Washington tolera impunemente.

Ahora, cuando se acerca el día en que Estados Unidos debe responder a
la petición de habeas corpus a favor de Gerardo Hernández Nordelo, su
último recurso legal, algunos medios norteamericanos lo calumnian
miserable y cobardemente y tratan de engañar y desviar la atención
para confundir al movimiento solidario. Independientemente del derecho
irrenunciable de Cuba a defender su soberanía, en el juicio seguido
contra Gerardo y sus compañeros en Miami no fue presentada evidencia
alguna que lo vinculase con el lamentable incidente del 24 de febrero
de 1996. En esta hora decisiva quieren hacernos olvidar que en mayo de
2001 en una dramática y urgente demanda ante la Corte de Apelaciones
la propia Fiscalía reconoció que carecía totalmente de pruebas y
solicitó modificar la acusación originalmente presentada contra
nuestro compañero. Pese a ello fue sentenciado con brutal desmesura
por un supuesto crimen que no existió y con el cual, en cualquier
caso, Gerardo no tenía absolutamente nada que ver. Es imposible
encontrar ejemplo parecido de injusticia.

Exhortemos al movimiento de solidaridad y a toda la gente honesta a
levantar sus voces en defensa de Gerardo. El Gobierno de Estados
Unidos sabe que él es inocente y que nunca hubo pruebas para acusarlo.
Hay que exigirle que lo ponga en libertad ya. A él y a Ramón, Antonio,
Fernando y René, cinco Héroes de la República de Cuba. El Presidente
Obama puede y debe liberarlos ahora mismo, sin condiciones,
inmediatamente. A todos y cada uno de ellos, a los Cinco, sin excepción.

Que exigirlo sin descanso sea nuestra promesa de Año Nuevo. Que el
mundo entero se lo pida al Presidente Obama. El sabe que sí se puede y
que él debe hacerlo.

Compañeras y compañeros:

La solidaridad es el baluarte y la savia de la Revolución. Lo ha sido
siempre para nosotros desde 1868 cuando, en nuestro Octubre glorioso,
iniciamos una brega inseparable por la independencia nacional y por la
abolición de la esclavitud, la servidumbre y la discriminación de los
seres humanos.

Desde la Guerra Grande hijos de otras tierras vinieron a pelear con
nosotros por nuestra libertad. El Partido de José Martí fue un partido
internacionalista creado también para alcanzar la independencia de
Puerto Rico y la unidad de Nuestra América. Fueron muchos los
compatriotas nuestros que marcharon desde aquí y desde la emigración a
dar sus vidas por la República española.

En el último medio siglo ha sido amplia y generosa la solidaridad que
Cuba ha recibido y también lo ha sido la que ha entregado nuestro
pueblo. ¿Cómo olvidar, un día como hoy, a los hermanos que fueron a
combatir hasta el último aliento a otras tierras? ¿Cómo olvidar al Che
y a los muchos que supieron ser como él?

Saludemos también a las decenas de miles de colaboradores que han ido
a los más apartados rincones a ayudar a otros, a llevarles salud y
educación, reproduciendo un espíritu internacionalista y solidario del
que nació la Patria y que siempre vivirá con ella.

El mundo ha sido solidario con Cuba porque Cuba ha significado mucho
para el mundo. Porque su revolución fue un ejemplo que inspiró a otros
a perseverar en el combate hasta conquistar la verdadera independencia
y la justicia, esas que iluminan ya con su Alba el futuro americano.

Las cubanas y los cubanos nos empeñamos ahora en un amplio ejercicio
democrático para discutir y acordar, con todas y todos, sin excluir a
nadie, las acciones que debemos emprender para corregir errores,
eliminar defectos e introducir los cambios que sean necesarios para
que nuestro proyecto sea más eficiente, racional y justo. Lo hacemos
en un país que sigue siendo víctima del bloqueo, el acoso y la
agresión de quien es aún la más fuerte potencia económica y que no se
cansa de alquilar mercenarios dispuestos a traicionar a la Patria,
mequetrefes en los que no cree ni quien les paga la mesada como
confirman sus propios informes confidenciales revelados por Wikileaks.

Algo bien diferente es el pueblo de Cuba. Un pueblo, que nadie lo
olvide nunca, que se forjó, precisamente, en la lucha contra dos
Imperios y sus adocenados servidores criollos y se fraguó en una
batalla muy larga en la que siempre tuvo como metas la independencia
absoluta y la justicia plena para crear una sociedad que tendría como
fundamento la solidaridad entre los cubanos.

Entre todos cambiaremos todo lo que debe ser cambiado. Juntos haremos
lo que sea necesario, y lo haremos por nosotros mismos, sin copiar a
nadie, sin hacer concesión alguna a quienes nos odian y desprecian y
seremos capaces de hacer realidad un socialismo mejor, nuestro, cubano.

Cumpliremos así también nuestro deber hacia quienes en cualquier lugar
luchan por un mundo mejor.

El movimiento internacional de solidaridad con esta Isla nació hace
medio siglo cuando enfrentábamos un desafío que parecía insuperable.
Fuimos capaces de vencer y llegar hasta aquí.

Son grandes los retos que tenemos por delante. Sabremos superarlos.
Seremos fieles a nuestros mártires, seremos leales a quienes en todo
el mundo nos han acompañado en esta larga, dura y hermosa pelea.

Cuba prevalecerá. Nuestro socialismo triunfará. Seremos capaces de
continuar luchando, todos unidos, Hasta la Victoria Siempre.

La Habana, Diciembre 28, 2010