viernes, 26 de noviembre de 2010

Fragmentos diversos de "Canto a Xipe Totec, Quetzalcoatl" de Don Mario Ramirez Centeno

Fragmentos diversos del Poema Epico y Lirico
"Canto a Xipe Totec, Quetzalcoatl"
de Don Mario Ramirez Centeno
Se presenta hoy a las 18 hrs.
Casa de Cultura Azcapotzalco, Sala de los Estados
Av. Azcapotzalco 465, Col. Centro, a unas cuadras del
metro Camarones DF Mexico. 

...Eras Topiltzin
y olisqueabas los bosques
como perro húmedo de cuero.
Eras la culebra herida por la dorada flecha
de la miel despierta y luminosa,
asistiendo al espectáculo de las hierbas,
de las que se estiran hacia el cielo
queriendo escapar del caminar de la bacteria,
de las que se arrastran en el lomo de los árboles.
Tocándolo todo para saber qué era,
envenenándote con tu propio aliento
para saber por qué tenías un nombre
y para qué servía tu rostro.

*   *   *

Eras Topiltzin xoloiscuintle
cuando tu madre te arrepegaba un seno
y empezabas a masticar la leche y los sonidos
con el calcio abriendo tus encías
y tenías que voltear el rostro hacia la leche
y saber en qué sonido especial te pronunció tu madre.
Ese sonido fue tu propiedad
a donde trajiste la diferencia entre tú y los animales
la diferencia entre tú y los otros hombres
las reglas para cumplir
y las que podían ser rotas.

Todo cupo en tu propiedad,
en tu sonido.
Aprendiste rápido
y todos a tu alrededor supieron
que en tu sonido estaba la propiedad del mundo,
joven cacique Topiltzin.

Pero al estar a solas
frente a las mandíbulas secas
de los jaguares rotos,
de tu pariente herido,
había una cosa que se iba y los dejaba
y que en eso, seguramente la primer verdad
que te atrapaba,
que en eso, los animales y tú, eran iguales.

Fuiste corriendo a llorar como mujer o como niño,
como pájaro o como árbol,
¿cómo qué lloraste ese día Topiltzin?

Corriste hasta el fin del mundo, Topiltzin,
pero el mundo continuaba.  
Exhausto, te arrojaste al mar,
pero el mundo continuaba.
Encontraste una caverna
y te perdiste en la hemorragia de un mundo
que siempre, siempre, continuaba, continuaba.

Sólo la muerte abrió la puerta de su casa,
pero la muerte era un hueso vacío y triste.


*   *   *

En Tollan, padrecito Topiltzin,
luego de moldear veinte generaciones de maíz,
con tus dedos de maíz dorado,
las mujeres se acercaban a tu barba de oro
para arrancarle un pelo y guardárselo en el pubis,
pues todas las parteras decían que más hijos con pelos
de tu barba nacerían.
Pero, entonces, tu barba se volvió plateada.
Todas las mujeres se asustaron.
Las de menor edad lloraban los hijos no nacidos.
Las otras escondían a los niños más pequeños.

Padrecito Topiltzin,
¿fue por eso que te arrancaste
las barbas de oro que quedaban
y las envolviste en la tortilla  para enterrarlas
en el centro de Tollan?

Padrecito Topiltzin,
las mujeres guardaron la luna en agua teñida de rojo,
los niños lloraron espantados de sus bocas sin dientes,
los guerreros lo veían todo sin saber.


Fue una noche larga aquella,
padrecito Topiltzin.

Nació entonces en el centro de Tollan
una milpa de cañas bravas.
Las ancianas fueron las primeras en descubrir tu broma,
Topiltzin,
todos los elotes del maíz traían tu barba de oro,
padrecito Topiltzin, rostro de oro, barba de plata.


*   *   *

El Mictlan apareció en el lugar donde
se juntan la noche con el día, Topiltzin.
Sobre el horizonte después del sol naranja
de la cuarta dirección de la cruz del Nagual.
Ahí estaba en la rendija sin luz de la tarde.

*   *   *

Xipe Totec.
Xipe Totec, Quetzalcóatl,
sacúdeme el ombligo,
llena de luz a mi cuerpo.
Quiero guerrear con los mictlacas.
¿Dónde las flechas luminosas?
¿Dónde la cascada amarilla?

Quetzalcóatl,
ayúdame a olvidar mi nombre,
y acordarme de el cuando lo quiera.

Quetzalcóatl, Quetzalcóatl,
jirón plateado de nube espesa.


Xipe Totec, Quetzalcóatl,
niño doble del cubo y la esfera,
de las pústulas abriéndose como flores
o como bocas sedientas ante el chorro de agua.

Llévame hasta dónde te halles
un caracol labrado con tu estrella,
los colores y los trazos de la guerra,
mi cuerpo y la yaoyotl,
mis brazos y mis escudos,
mi ombligo sacando un látigo,
mis ojos rodeados de cristales vivos.

Por favor, Quetzalcóatl, ayúdame
para poder ser como tú,
un niño orgulloso de sus pústulas,
para irme por siempre de la tierra del Mictlan,
hacia quién sabe dónde,
allá dónde te hallas.

*   *   *

Dicen, que la entrada al Mictlan
esta cubierta de calaveras de niños.

Dicen, que la entrada al Mictlan
esta sembrada con cempaxóchitl,
la flor que prefieren los muertos.

Dicen, que es más amarilla que un desierto.

Dicen, que sientes que naciste de vuelta.

Es probable que sientas que algo te aplasta
si has gastado tu alma en flaquezas.
Dicen, que los guerreros han ido y vuelto
en las memorables batallas de las que sólo saben
Mictlancihuatl y Mictlantecutli.
Dicen, que la puerta es grande y es estrecha,
está en todas partes y no existe,
es el callejón de los mil espejos,
el insoportable perseguir de los espejos.

Dicen que la fila de seres es más larga
que la de cruces en el cementerio.

Dicen que Tloque Nahuaque,
el dueño de lo cerca y lo junto,
el gran guajolotl celeste que une las cosas
con el mismo pegamento de las células,
puede o no puede estar ahí.

Es sabido que Tloque Nahuaque
tiene algo que ver con esa puerta.
 
La entrada al Mictlan
es un lugar que se halla al final del día,
o que se puede entrar por todos lados,
cuando te hallas perdido en la oscuridad
de los bosques,
cuando la tierra se lo traga a uno.

Dicen que cuando uno se muere
se pone serio.

Otros dicen que hay que reírse a carcajadas,
pues es mejor llegar feliz al Mictlan,…
que llegar ya muerto.
JA,JA.


*   *   *

Yo soy el Cuicani,
el que canta acompañado
del meditar del Teponaztli.

Soy el hijo más pequeño de Chicomecóatl,
la madrecita de Maíz,
soy el más pequeño y el más rebelde.
Chicomecóatl,
tus siete mazorcas
han volado sobre mis ojos,
los Tlaloques ríen desde sus cavernas azules
azufrosas, bajo del agua en los cenotes.
Los guerreros muertos siguen a su padre
al cruzar el cielo.

Yo el Cuicani, canto,
y las nubes de lluvia se abren a mi paso,
los relámpagos atacan mi ombligo
y el mundo se vuelve a crear.

Fibras azules se pierden en mi cuerpo,
estoy en Teopan,
estoy en el barrio de Dios,
cristales vivos me rodean,
niños que brotan de la tierra,
mis pulmones están enredados al cielo,
respiro un agua densa que me une con las estrellas,
todos danzan a mi alrededor,
la tierra también baila en geografías divinas,
serpientes de colores surgen de mi pecho,
todos sonríen y están contentos en Teopan
al ritmo de los rumbos en las fuerzas
que surcan el universo.

Soy un Cuicani tenso y poderoso,
lleno de las corrientes vitales
y primitivas de la tierra.
Aire y sangre son lo mismo en las venas
y carótidas de la naturaleza.
Mi cuerpo es sólo un instrumento del poder
que circula entre los planetas.
Bacteria encendida por la palpitación
en los corazones de los dioses.
Saliva y luz,
agua y soles,
hombre canción,
cantor de los dioses,
mis palabras son insectos voladores
que pueblan el barrio de Dios.
El cantor es sólo una parte más
en el organismo sin fin del infinito,
unidas todas sus partes por los corazones de los dioses.

Todos somos poderosos, sanos y felices en Teopan,
las sombras murmuran su oscuridad misteriosa.
El maíz me bautiza con hilos de plata,
hilos de amor con los que tapona las hemorragias
de mi cuerpo.
Las cañas danzan al ritmo del aliento de Quetzalcóatl.
Todo a mi alrededor canta conmigo.

Las flores platican como las aves
cantando mientras se mecen
y los árboles crecen su voz
como un tenor oscuro
que mientras más volumen
más profundo es su vibrar espeso.

Todo esto hasta que Mictlancíhual
y Mictlantecutli manden llamar
al venadito que topetea por ahí
embrujado por las energías
de los bosques,
en la última batalla contra
su mictlaca.

Entretanto yo, el Cuicani,
estoy lleno de inmensidad.

Pero, por favor, no,
no me arrojen de Teopan.   

Itzpapálotl,
¿dónde está el poder silencioso?
Chicomecóatl,
¿dónde la cascada de oro?
Mictlantecutli,
¿dónde las cuatro flechas de la conciencia?
Quetzalcóatl,
¿la última batalla?
Xipe Totec,
¿la entrada al Mictlan?
Xipe Totec,
¿la inmensidad?
Xipe Totec,
¿el regreso a Teopan?

Xipe Totec,
¿el regreso a Teopan?