miércoles, 10 de julio de 2013

Opinión de la indocumentación en EUA


La Realidad
Por Elvira Arellano ( English Follows )


¿Cual ha sido nuestro delito, el delito de los indocumentados? Seguimos a otros amigos y familiares hasta la frontera y luego, no cargando prácticamente nada con nosotros, y siguiendo las instrucciones que otras personas nos han proporcionado, cruzamos. Cruzamos para buscar trabajo, para reunificarnos con nuestras familias o con alguien que amamos, a veces con nuestros propios hijos. Lo hacemos porque la economía de nuestro país no es adecuado. No es adecuado para apoyarnos por razón de la corrupción y mal manejo, y porque ha sido atropellado por proyectos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que logró eliminar el trabajo de cinco millones de agricultores, en algunos casos obligando que abandonen el campo completamente, o por políticas como “la reestructuración de la deuda”, bajo las ordenes de banqueros estadounidenses, que ha destruido a tantos negocios.
En los Estados Unidos, luchamos para hallar empleos proporcionados por los que nos desean ocupar y a quienes no les importa si tenemos papeles o no, siempre y cuando estamos dispuestos a trabajar duro a cambio de salarios miserables. Con mucho cuidado vamos construyendo nuestras vidas. Ahorramos lo suficiente para comprar casas y autos. Apoyamos a nuestros hijos y les guiamos en su educación y en la formación de su carácter. Compartimos nuestra alegría con otros, inclusive con los que no tienen la palabra “ilegal” escrito en algún papel en alguna parte. Nos parece que no existe ninguna diferencia entre ellos y nosotros, todos somos seres humanos.
Pero todos los días, en una forma arbitraria, seleccionan a 1,400 de nosotros, nos detienen, nos esposan y nos meten en lugares encerrados con rejas y alambre de púas. Por medio de amenazas y mentiras nos persuaden firmar papeles que significan que tenemos que dejar atrás a todo lo que hemos logrado a duras penas y a todos los seres humanos, como si fuera el caso que todo aquello ya no tiene nada que ver con nosotros. Pasamos tiempos muy duros y a veces nos abusan, y nos despojan de lo poco que llevamos en nuestras bolsillas. A veces estamos enfermas o embarazadas y no hay médicos para atendernos, a veces ni siquiera la medicina. Luego nos meten en autobuses o trenes o aviones y nos llevan al otro lado de la frontera que podemos haber cruzado hace 5, 10 o hasta 20 años atrás, cargando con nosotros nada de lo que hemos ganado o amado. Todos aquellos años son como una basura que se bota simplemente.
Así es nuestra realidad. No nos asesinan en masa, como sucedió a los judíos en los tiempos de Hitler. La mayoría logramos sobrevivir. Podemos agarrar el teléfono y platicar con los que hemos dejado atrás, pero no los podemos ver o tocar. Hay un aspecto positivo: Vemos amigos y familiares que no hemos visto en años. Nos dan una bienvenida calurosa y nos ayudan a reconstruir nuestras vidas.
Las condiciones que nos obligaron a tomar el sendero peligroso hacia el norte existen todavía. Nos vemos en la calle. Pensamos que reconocemos alguna cara que hemos visto en Chicago o Los Ángeles, de una vida que nos quitaron en una forma tan repentina. Quedan muchas memorias. Hay también personas que ya no podemos tocar, inclusive a veces nuestros esposos y esposas, hijos e hijas.
Así es nuestro delito, y nuestro castigo. Para algunos es mucho peor: A veces la muerte o cadenas largas en la cárcel. Pero es la realidad de los 1,400 que se deportan todos los días. Hay la perdida de cosas y personas, y la memoria de haber sido tratado como seres infrahumanos, que no se puede olvidar.
¿Cuál es el delito de los que tienen la responsabilidad para esta situación; que nos contrataron y sacaron mucho lucro de nuestro trabajo mal pagado, que beneficiaron de los impuestos que hemos pagado, de las cosechas que producimos, cocinamos y servimos, de los negocios que creamos, de las casas que compramos, de las personas con las cuales compartimos una broma, una comida, un beso?
¿Cuál es el delito de los que se levantan y gritan palabras de odio, o que hablan o votan en el Congreso como cosa normal que a todos nosotros hay que deportarnos, 1,400 cada día y dos millones desde Obama se hizo presidente y incumplió sus promesas? ¿Qué impacto tiene con los agentes de inmigración cuando nos buscan, nos esposan, nos llevan como manadas de ganado y apuntan nuestros nombres y apellidos y números en sus archivos? ¿Qué sentido de poder les da a todos ellos? ¿Qué crueldad, que racismo disfrazado como una actitud de superioridad moral les da?
¿Qué clase de sociedad puede resultar de esta realidad? ¿Cómo es posible que enseñan a sus hijo servir, respetar y conocer a Dios cuando a la vez les enseñan que esta realidad es la manera correcta de hacer las cosas?
El presidente Obama tiene la autoridad de poner fin a esto, una autoridad que le dieron en una forma democrática. La mayoría de los senadores han acordado que se debe dejar de deportar la gente. También es el caso que el presidente podría expandir el aplazamiento que ha otorgado, antes de las elecciones, a los “soñadores” a las madres y los padres de ellos, y a las madres y padres y cónyuges de los 5 millones de niños ciudadanos de los Estados Unidos que tienen padres y madres indocumentados.
La Cámara de Representados ha intentado quitar el poder de hacer estos aplazamientos del presidente, pero fracasaron. Todo el mundo sabe que el presidente tiene la autoridad.
Si él se intenta ocultarse detrás de la ley que el mismo ha dicho, públicamente, es injusta, entonces no es diferente de los racistas que utilizan la ley para justificar su racismo y su crueldad. Esta es la realidad.
The Reality
By Elvira Arellano


What is our offense, the offense of the undocumented? We follow other friends and members of our family to the border and then, following instructions we have been given, we cross, carrying almost nothing. We cross to find work, to rejoin members of our families or someone we love, sometimes our children. We do so because the economy of our country is not adequate. It is not adequate because of corruption and mismanagement – and because it has been raped by such projects as NAFTA which put five million agricultural workers out of work and sometimes off their own land; or such projects as “restructuring of debt” ordered by U.S. bankers which destroyed so many businesses.
In the United States, we struggle to find work from those who want to hire us and don’t care if we have correct papers as long as we work hard for low pay. We build carefully our lives. We save enough to buy homes and cars. We provide for our children and guide them in their education and their character. We share joy and happiness with others, many who do not have “illegal” stamped on a piece of paper somewhere. It seems we are no different from them, all human beings.
Yet every day, 1400 of us are randomly selected, arrested, handcuffed, taken to a place with bars and barbed wire. We are persuaded through threats and lies to sign papers which mean we leave everything we have worked for behind, everyone we love behind, as if we had no part in it any more. It is a hard time and sometimes we are mistreated, what little we have in our pockets stolen from us. Sometimes we are sick or pregnant with child and there are no doctors or even a little pain medicine. Then we are put on buses and trains and airplanes and we travel back across the border that we crossed five, ten or even twenty years ago – with nothing of what we have earned or loved. All those years are like garbage that is thrown away.
That is the reality. We are not murdered like the Jews under Hitler. Most of us survive. We can pick up a telephone and call those we left behind and talk to them – but we cannot see them or touch them. There is a positive in this experience. We see friends and family that we have not seen in years. They welcome us. We begin to put new lives together with their help.
The same conditions that drove us to make the dangerous trip to the north still exist. We see each other on the street. We think we recognize a face we have seen in Chicago or Los Angeles – from the life that was so quickly taken from us. There are many memories. There are also people we can no longer touch – sometimes our own children, husbands or wives.
That is our offense and our punishment. For some it is much worse – sometimes death or long imprisonment. Yet that is the reality for most of the 1400 people who are deported everyday. There is the loss of things and people – and there is the memory of being treated as less than human which lingers like a bitter taste and will not go away.
What is the offense of those who are responsible for our situation; for those who hired us and made profits from our low paid labor; for those who benefitted from the taxes we paid, from the food we grew, cooked and served, from the businesses we created, from the homes we bought; for those we shared a joke or a meal - or a kiss - with?
What is the offense of those who stand up and scream in hatred or speak and vote in Congress as part of the regular course of business that we should be deported, 1400 per day, over 2 million since Obama became President and broke his promise? What is the effect on the agents who search us out, handcuff us, herd us like cattle and record our names and numbers in their books? What feeling of power does it give all of them? What cruelty, what racism, disguised in self-righteousness, does it satisfy?
What kind of a society does this reality create? How can they teach the children to serve and to respect and to know God when they are also taught that this reality is the way things should be?
President Obama has the authority to stop this, an authority that was democratically given him. The majority of the U.S. Senate has agreed to stop the deportations. He can also extend the deferments he offered the dreamers – before the election – to their parents and the parents and spouses of five million U.S. citizen children.
The House of Representatives has tried to take this power from him. They have failed. He has the authority – and everybody knows it!.
If he hides behind a law, which he says publically is unjust, then he is no different than the racists who use the law to justify their racism and their cruelty. This is the reality.