viernes, 10 de febrero de 2012

Usan recursos federales para reprimir artistas y periodistas en el Salón de la Plástica Mexicana

Por Lucy Rivera

Ayer pudimos observar atónitos como de forma grosera el escritor, pintor y periodista Mario Ramirez Centeno fue maltratado ayer innecesariamente y expulsado durante el opening de la destacada pintora Susana Campos en el Salón de la Plástica Mexicana, evento al que Ramírez fue a cubrir como periodista. En presencia de varios intelectuales y de esta reportera, fue vejado de manera racista por personal que se ostentó como del INBA, dirigido por Teresa Vicencio Alvarez. Al periodista, como en los tiempos porfiristas, se le dijo “indio mugroso” y se le aplicó el NRDA, como si la galería fuera un antro y no un espacio público pagado con los impuestos de todos. Cabe destacar que el pintor y escritor Mario Ramírez es un creador de origen indígena ñañu y se retiró, naturalmente, muy indignado ante el trato del personal de la galería.

El escritor declaró que “Es un ripio más de la administradora Cecilia Santacruz pues no sólo permite que su personal se emborrache en horas de trabajo y en su sitio de labor sino que cobija a grupúsculos que hablan mal en público de la personalidad de Josefina Vasquez Mota y Consuelo Sáizar. No pienso votar por ellas, pero creo que se debe respetar a la mujer, sea cual sea su forma de pensar. De cualquier manera es un espacio público, financiado por el presupuesto federal y no es aceptable que sin motivo se discrimine a los visitantes y a las personas por su apariencia indígena”.

José Luis Gutierrez Ramírez, el Director de Difusión y Relaciones Públicas debiera cuidar más el trato que su personal da a la prensa, pues es su responsabilidad que se den estos hechos que denigran los pocos aciertos que Conaculta e INBA, controlados por el PAN, han emprendido en este sexenio lleno de errores. Es increíble que CONACULTA financie proyectos que, con dinero del presupuesto público, discriminan a la ciudadanía por su color y apariencia. Este tipo de actitudes irrespetuosas contra el público, ya comunes en el Salón de la Plástica, son también un rostro de la política cultural del actual gobierno panista y, dado que gobierna para todos, debería elevar los estándares de atención a la ciudadanía o retirar los apoyos financieros a las instituciones que han dejado de representar a los artistas y que se dedican a usufructuar el presupuesto público sin servir a la sociedad.

No es la primera vez que el público recibe agresiones y trato grosero de parte del personal del Salón, lo cual ha ocasionado que esta galería, otrora una de las mejores del país, esté desierta. A sus exposiciones cada vez concurre menos público, la calidad de sus eventos y principalmente la atención al público han desmejorado notablemente. Los propios artistas se han alejado de esta organización, antes inovadora, democrática y ejemplar. Nada que ver con el famoso Salón de la Plástica Mexicana de los 80, que era una galería de vanguardia, propositiva, abierta y muy interesante. Hoy su administración y consejo directivo la han convertido tristemente en el “patito feo” del circuito de galerías y uno de los lugares menos atractivos para visitar. Quizá por ello periodistas e intelectuales han dado en apodar a este decadente centro “El Salón de la Lástima Mexicana”.