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miércoles, 5 de enero de 2011


México: Sucesión presidencial, golpes bajos, asesinatos, ¿Podrá López Obrador en la legalidad?
Pedro Echeverría V.

1. En México: si la llamada “delincuencia organizada”, la “Familia Michoacana” y los “Misteriosos desaparecedores”, no se manifiestan con mayor fuerza, que lleven al país a peores condiciones de ingobernabilidad –incluso a la renuncia del presidente ilegítimo Felipe Calderón- 2011 será un año de golpes políticos entre partidos, lo que llaman “patadas bajo la mesa” y hasta asesinatos; surgimiento de candidaturas y, al final, tradicionales campañas políticas abiertas. Reitero que en política no existen los adivinos, los que digan lo que va a suceder, las visiones infalibles y seguras; lo que se registran son análisis, opiniones, búsqueda continua, adelanto de juicios. Lo que observo es un apoyo total del empresariado, de los medios de información, de los EEUU al candidato del PRI Peña Nieto; el lanzamiento del ex rector Juan Ramón de la Fuente por el PRD y PAN y a un López Obrador radicalizado apoyado por PT.

2. No contemplo al abogado empresarial, alias la ardilla maromera, Fernández de Cevallos como candidato del PAN (¿que tal si sus secuestradores le ordenaron ser candidato y él tiene que obedecer?), tampoco a los tontitos exsecretarios de Educación Pública: Josefina  Vázquez o Lujambio; mucho menos al dog Lozano o al jefazo de guarderías Juan Molinar, o a cualquier panista de relleno para negociar con el PRI. Tampoco creo a Ebrard confrontándose con López Obrador para ser el candidato de los “chuchos” cuando éstos van a preferir a Juan Ramón de la Fuente para la candidatura común con el PAN. En mi “bola de cristal” tampoco se asoman los priístas Beltrones o Paredes queriendo aguarle la fiesta a Salinas-Peña Nieto. El ex priísta y ex rector, así como Peña Nieto, harán una campaña ubicada totalmente en la legalidad y gobernarán como todos. AMLO tendrá que ser radicalmente distinto o declararse muerto.  

3. Lo que no me gustaría ver es que se siga engañando al pueblo mexicano, como ha sucedido durante casi un siglo, con campañas políticas que sólo sirven para dilapidar miles de millones de pesos en TV, radio, prensa escrita, carteles, mantas, regalos, camiones, camionetas, automóviles, aviones, restaurantes, vinos, etcétera. La realidad es que no se cuantos cientos de miles de empleos o camas de hospital pudieran crearse con ese dinero, pero seguro que eso sí será útil comparado con la basura que significan las campañas políticas. Pero éstas nunca podrán desaparecer porque las campañas, las elecciones y los votos, les sirven a la clase dominante para legitimar lo que antes han acordado. El 99 por ciento no sabía nada de Peña Nieto, nunca lo había visto, pero bastó con que Televisa lo hiciera su candidato para recibir el apoyo de los empresarios, de los EEUU y para que ahora sea presentado como el más favorecido en las encuestas.

4. López Obrador estuvo casi dos años –desde 2004- en primer lugar de las encuestas porque, a pesar de algunas declaraciones, los empresarios no le tenían miedo y sabían que sería más de lo mismo; pero apenas empezó la campaña  que decía: “Obrador es amigo de Chávez y un peligro para México”, los empresarios y los intelectuales vendidos, voltearon su apoyo al católico, proempresario y derechista Calderón. Cuando Fox, los empresarios y los EEUU decidieron que “por ningún motivo AMLO llegaría” –que quizá fueron tres o cuatro meses antes de las elecciones- ni que éste tomara la determinación de arrodillarse pidiendo perdón, lograba la Presidencia. Los tontitos que hablan de errores ignoran que a pesar de la timidez de AMLO en sus críticas, los empresarios, el clero y la derecha saben quienes son “un peligro”, aunque les hagan caravanas electorales o les den regalos. López Obrador, en mi entender, ya no pasará.

5. Obviamente siguen habiendo tontitos que creen que el voto es libre y que cada elector decide por quien sufragar. Piensan muchos ilusamente en que aparecerá el espíritu por arriba y le iluminará el alma del elector para que vote por el más bueno y el más justo. Olvidan que la pobre cabecita del elector recibe dosis diaria, cada hora, de la TV y la Radio, de las paredes infestadas de propaganda, de los visitantes cargados de regalos y promesas, así como de los compadres y “líderes naturales” que les han llenado las bolsas de dinero. En México los más tontitos han creído desde hace un siglo que el fraude se hace en el conteo de los votos; jamás han entendido que se hace “bajo el agua”, entre bambalinas, durante los seis últimos meses de campaña pública: se recogen miles de millones para la campaña, se contratan negocios, se comprometen cargos, se pagan a millones de activistas, hasta que el pobre elector se convierte en autómata.

6. A pesar del odio militante que la izquierda radical profesa contra los grandes burgueses y empresarios explotadores, no se puede mandar al carajo también a toda la socialdemocracia o centro izquierda que anda en procesos electorales; tampoco a las posiciones  verticalistas y autoritarias que juegan  a la radicalidad. Es necesario seguir buscando –como se busca una aguja en un pajar- alguna oportunidad para que todas las centro izquierdas e izquierdas unifiquen sus fuerzas con el movimiento social. Siento que López Obrador –que será bloqueado en todos los frentes, en el más importante el del dinero necesario para su campaña- al tener la última oportunidad, tendrá que jugársela con todo. Si comienza aceptando todas las reglas y se dedica a seguirlas, hará el ridículo absoluto. Tampoco podrá pensar que podrá levantar un movimiento ciudadano como el de 2005 del desafuero. Las condiciones han cambiado.

7. López Obrador podría ser la única carta diferente si logra radicalizar más su discurso y con ello moviliza a las masas campesinas, obreras, mujeres, empleados, sobre todo a los jóvenes radicalizados. Durante un siglo las elecciones han servido exclusivamente para engañar y desmovilizar al pueblo; si López Obrador al fin se decide a llamarle las cosas por su nombre, las campañas anti AMLO que hará la televisión y pagarán los empresarios, servirá de propaganda para hacer crecer el movimiento entre el pueblo. Es más, miles de izquierdistas despertarán para hacer grande el movimiento que ante un fraude puede convertirse en un levantamiento real. Por el contrario, si la campaña electoral se hace siguiendo las reglas y prohibiciones, el PRI, con el apoyo de la extrema derecha, triunfará sin oposición real. Estas semanas y meses debe aprovechar AMLO para realizar los contactos necesarios con todos, todas las organizaciones de izquierda y el movimiento social.

http://pedroecheverriav.wordpress.com

martes, 19 de octubre de 2010

Colaboración de Denisse Dresser vía Helios Serrano from Mexico


  (.......has she ?)

Miedo a México Denise Dresser

El odio a primera vista. El temor destilado. La mezcla de ambos sentimientos en la campaña del PAN contra Andrés Manuel López Obrador. Día tras día, spot tras spot, declaración tras declaración, los panistas atizan dos sentimientos que van de la mano. Porque no hay odio sin miedo. Porque el odio es el miedo cristalizado, objetivizado, su dividendo: odiamos lo que tememos y el odio florece donde el miedo acecha. El PAN promueve el miedo a un candidato y piensa que tiene derecho a hacerlo por lo que dice y ha hecho. Pero eso es sólo parcialmente cierto. El miedo a AMLO que los panistas siembran y ciertos sectores del país cosechan es -en el fondo- miedo al país.

Miedo a ese país de pobres, de "nacos", de indígenas, de desarrapados. Miedo a quienes viven parados en los camellones vendiendo chicles o subsisten en el campo cultivando maíz. Miedo a los mineros enojados y a los cañeros sublevados. Miedo a los resentidos y a los marginados. Miedo a mirar la realidad del subdesarrollo detrás de la retórica de la modernidad. Miedo a la verdad y a nosotros mismos. Miedo a mirar al país tal y como es. Detrás de los mitos. Detrás de las cercas electrificadas cada vez más altas en Las Lomas. Detrás de la hipocresía fundacional en un país profunda y dolorosamente desigual.

Ese miedo al México que hemos construido, disfrazado de rechazo a una persona a la cual se erige como el antiCristo. "Un peligro para México". En todas las conversaciones, en todos los cocteles, en todas las cenas. Mensajes reiterativos -repletos de descalificaciones- enviados a través del internet sobre AMLO. Ignorante. Autoritario. Deshonesto. Cobarde. Demagogo. Violento. Anti-institucional. Mentiroso. Tiene personalidad múltiple. A un compañero lo golpeó cuando le daba la espalda con una pelota de beisbol (después murió). Junto con Hugo Chávez y Fidel Castro creará una América comunista. Aborrece a la gente con dinero. Mató a su hermano. En realidad usa relojes caros y trajes Hugo Boss. Es un naco. Sólo gobernará para los pobres. Su única forma de expresarse es a través de expresiones coloquiales. Una tras otra, preocupaciones legítimas acompañadas de juicios que no lo son.

Una tras otra, percepciones fundadas acompañadas de prejuicios escondidos. Porque como lo escribió Burke, ninguna pasión roba a la mente de sus poderes de actuación y razonamiento como el miedo. Ese miedo que desquicia, que enardece, que polariza. Ese miedo que el PAN detecta y comercializa en las pantallas de televisión. Ese miedo que impide evaluar a López Obrador con la cabeza fría y el corazón en calma. Que obstaculiza la critica necesaria basada en los hechos y no en las diatribas. Que impide ver lo bueno y lo malo de su gestión en el Distrito Federal. Lo positivo y lo negativo de su proyecto alternativo de nación. Lo aplaudible y lo criticable de las propuestas que ha planteado.

Esa labor de discernimiento que una ciudadanía consciente debería asumir como obligación, frente a López Obrador y también frente a sus contrincantes. Esa tarea de externar las preocupaciones legítimas en torno a los derechos de propiedad, la irresponsabilidad fiscal, el alivio a la pobreza acompañado de la creación de riqueza. Esa tarea que hoy quienes odian con virulencia no pueden llevar a cabo. Están demasiado ocupados odiando, vociferando, vituperando. Odiando, quizás, por un sentido de culpa. Temiendo, quizás, porque viven con la conciencia intranquila. Porque cuando se odia tanto a una persona se está odiando algo que es demasiado profundo y poderoso paraser asumido de manera consciente. Porque cuando se odia tanto a una persona, se está odiando también parte de uno mismo, como escribió Herman Hesse en Demian. Lo que no forma parte de una persona no preocupa, pero López Obrador preocupa precisamente por lo que revela de México y su población.

Por ese espejo que coloca ante los ojos del país y quienes han permitido que sea como es hoy. Un lugar rico con muchos pobres. Un lugar con más multimillonarios que Suiza, según la lista más reciente de la revista Forbes. Donde gran parte de las fortunas han sido acumuladas en sectores con poca o ninguna competencia y protegidos por el gobierno. Donde funcionarios de Telmex están intentando bloquear la aprobación de la nueva ley competencia porque buscaría precisamente fomentarla. Donde según un estudio reciente de la ONG Fundar, 7 de cada 10 mexicanos padecen un abuso de autoridad cada vez que pisan un Ministerio Público. Donde el 94 por ciento de los delitos no son resueltos. Donde el 40 por ciento de las mujeres dicen haber padecido la violencia doméstica. Donde los responsables del Pemexgate son premiados con una senaduría. Donde 17 millones de personas viven en pobreza extrema. Datos duros de un país donde la vida es difícil para la mayoría de quienes sobreviven en él.

Eso es lo que debería provocar miedo. Eso es lo que debería producir temor. Eso es lo que los mexicanos deberían combatir y cuestionar y odiar y recordarle a los candidatos presidenciales, todos los días a toda hora. Y eso es lo que explica que Andrés Manuel López Obrador sea puntero con posibilidades reales de ganar, aunque no tenga la mejor propuesta para gobernar. Hay demasiados mexicanos para los cuales el país no funciona. Hay demasiados mexicanos para quienes más de lo mismo significaría peor de lo mismo. Hay demasiados mexicanos que buscan una transformación a fondo del país que los ha excluido o maltratado o ignorado. Y también hay demasiados mexicanos que no lo entienden, para los cuales el país marcha. El país avanza. El país les permite vivir bien, aunque sea detrás de muros cada vez más elevados. Aunque sea con miedo.

Por eso el mismo líder que es carismático para los desposeídos -cuya salvación está en el cambio- es peligroso a los ojos de quienes no ven en el cambio la respuesta, sino la ruina. La esperanza de unos es el miedo de otros. Y el miedo es un garrote usado, a lo largo de la historia, por los sacerdotes y los reyes y los presidentes y los candidatos paraevitar que la gente recobre bienes robados. Bienes públicos que han sido privatizados, monopolizados, arrebatados. ¿Qué es y ha sido más peligroso para México? ¿López Obrador o un sistema socioeconómico que concentra la riqueza y no quiere distribuirla de manera más justa? ¿López Obrador o élites políticas, sociales y empresariales satisfechas con las tajadas que se sirven? El odio feroz a AMLO ata a sus críticos a un adversario falso. El verdadero peligro para México no es un hombre, sino la resistencia de tantos a compartir el país y gobernarlo mejor.

Denise Dresser*

Denise Dresser es Doctora en Ciencia Politica por la Universidad de Princeton y Profesora del ITAM






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Helios Serrano G.
Porque nadie libera a nadie, nadie se libera solo,
                                                Todos nos liberamos juntos  (EM)